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Signos de dislexia en el adulto

Los signos en adolescentes y adultos son similares a los de la infancia, pero se notan sobre todo en la lentitud, la fatiga y la organización.

Signos y síntomas frecuentes

  • Dificultad para leer, incluida la lectura en voz alta.
  • Lectura y escritura lenta y trabajosa.
  • Problemas de ortografía, incluso en palabras conocidas.
  • Evitar actividades que impliquen leer o escribir.
  • Pronunciar mal nombres o palabras, o problemas para recuperar palabras.
  • Tardar un tiempo inusualmente largo en completar tareas de lectura o escritura.
  • Dificultad para resumir una historia.
  • Problemas para aprender un idioma extranjero.
  • Dificultad para memorizar.
  • Dificultad para resolver problemas matemáticos.
Importante: a menudo se asume que la dislexia solo afecta la lectura y la escritura. En realidad afecta el procesamiento de la información en general, incluyendo la memoria y la organización.

Causas

Las investigaciones más recientes demuestran que la dislexia del desarrollo tiene una base hereditaria, vinculada a ciertos genes que afectan cómo el cerebro procesa la lectura y el lenguaje. Esta base suele verse reforzada por:

  • Antecedentes familiares de dislexia u otras dificultades de aprendizaje.
  • Nacimiento prematuro o bajo peso al nacer.
  • Exposición durante el embarazo a sustancias o infecciones que pueden alterar el desarrollo cerebral del feto.
  • Diferencias individuales en las partes del cerebro que permiten la lectura.

Sobre la autoestima y lo emocional

Si no se acompaña, la dislexia puede afectar la autoestima y generar ansiedad o retraimiento, sobre todo cuando alguien cargó durante años con la idea de que "hacía todo mal". También es frecuente que coexista con otras condiciones, como el TDAH: en promedio, cerca del 40% de las personas con dislexia presentan algún otro trastorno asociado. La buena noticia es que hay factores que protegen el bienestar —la autoestima, las estrategias de afrontamiento y sentirse comprendido y apoyado— y sobre esos sí se puede trabajar. Reconocer la dislexia no es etiquetarse: es entender por fin algo que siempre estuvo ahí.

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